“Tren bala” es el nombre genérico a todos los ferrocarriles que desarrollan una velocidad mayor a los 200 kilómetros por hora, dotados de alto confort y todas las comodidades para que nada pase y el trayecto de un punto a otro sea lo más agradable posible. O sea, que nadie quiera bajar del convoy por ningún motivo, ni siquiera al llegar a destino.

Pero ese objetivo queda evidentemente alterado cuando entre los asientos conviven cinco sicarios de mayor nivel, expertos en asesinar personas de las maneras más diversas posibles y con la capacidad de improvisar constantemente para alcanzar su meta. En el caso de uno de ellos, la recuperación de un misterioso maletín, cuyo contenido no es de su interés (ni del público que asista a las salas de cine para el principal estreno de la semana en Tucumán).

Cuando uno de los criminales es interpretado por el galardonado Brad Pitt la invitación mejora. Y si a la pantalla grande llega el reguetonero puertorriqueño Bad Bunny, en una participación especial que lo lleva nuevamente a la ficción actuada (Benito Antonio Martínez, el nombre real del cantante latino más escuchado del mundo, le da vida a un intrépido asesino apodado El Lobo) y es una de las grandes sorpresas, la nueva apuesta de Sony Pictures se redondea como atractiva. Pero hay más.

La trama se desarrolla a bordo de un hermético tren bala japonés (país pionero en esta forma de viajar) donde entre Tokio y Kioto, Ladybug (Pitt) debe hacer un trabajo que aparentaba ser sencillo pero que se convierte en una misión casi imposible. Se verá obligado a enfrentar a diferentes adversarios letales de todo el mundo, que van en busca de objetivos entrelazados. Para cumplir cada uno su misión (y Pitt llevarse el portafolios) deberán eliminarse entre ellos: la recompensa no alcanza para todos, son rivales y no se soportan, mientras crece la sospecha de que una trampa se ciñe sobre ellos.

El elenco se completa con Joey King, Michael Shannon, Logan Lerman, Aaron Taylor-Johnson, Masi Oka, Hiroyuki Sanada y Sandra Bullock, en una de sus últimas actuaciones antes de declarar su pausa profesional por el síndrome de burnout (cabeza quemada).

El filme es una adaptación de la novela “Maria Beetle” del nipón Kôtarô Isaka, con guión firmado por Zak Olkewicz, y tiene la dirección de David Leitch, que dota a la pantalla del ritmo preciso de un thriller con toques efectivos de comedia y trazos de sorpresa que no decaen en las dos horas y seis minutos de rodaje. Sus antecedentes lo acreditan en este propósito: ya estuvo detrás de cámara en “John Wick”, “Atómica”, “Deadpool 2” y “Hobbs & Shaw”, donde ya demostró sus especialidad en rodar escenas de acción. Antes de dirigir, Leitch fue doble de riesgo, y así conoció a Pitt (a quien sustituyó cinco veces).

Y Pitt parece disfrutar de esa mezcla entre golpes y humor negro al componer a un criminal en mala racha que desea retirarse tras un último trabajo, sin víctimas fatales por lo que cambia sus armas letales por somníferos y habilidades especiales para superar su crisis existencial. Por supuesto, su expectativa descarrila a poco de andar cuando identifica a sus rivales en el mismo vagón.

Así aparece en pantalla un séquito de personajes atractivos, divertidos y recordables, que se van presentando (cada uno con su característica identificable) hasta que la tensión eclosiona y la trama enloquece en muchos aspectos, rindiendo homenaje incluso a otras películas del género (aparecen serpientes venenosas, como en “Terror a bordo”), entre risas, sangre y mucho peligro.

“El combo de esta película, que es una especie de disparate criminal loco, es realmente emocionante tanto para los fanáticos como para los actores. No puedo hablar mejor de la imagen y la experiencia. Todos los días son un alboroto absoluto“, afirmó la productora Kelly McCormick en una nota realizada a la prensa especializada norteamericana cuando todavía no había concluido el rodaje.

La promesa es que, hasta la última escena, no se sabe quién saldrá vivo del “Tren bala” ni qué le espera en la estación final. Quizás hubiese sido mejor no bajar del vagón.

Tres ciudades

También dentro del universo del humor negro se inscribe la película argentina “Lunáticos”, una sátira sobre las vivencias de varios personajes que habitan la Capital Federal, Ciudad de México y Montevideo.

La acción comienza cuando el Presidente de Estados Unidos (con similitudes a Donald Trump) envía posteos en las redes sociales en los que anuncia que se elimina toda relación comercial con China. Y el estreno llega (casual y justamente) en momentos en que las tensiones políticas entre ambos países están en su pico máximo en muchos años, por la visita de la titular de la Cámara de Representantes norteamericana Nancy Pelosi a Taiwán, que fue respondida por Pekín (considerada a la isla como territorio chino y se opone a su independización) con ejercicios militares y respuestas diplomáticas.

En la ficción, el rumor que satura los medios del mundo es que el presidente de EEUU fue encontrado encerrado en el baño del Salón Oval, aparentemente sobremedicado. Pero sus dichos desatan un tsunami financiero mundial que impacta en la vida de los personajes del filme, entrelazados en un mundo hiperglobalizado por encima de la realidad local de cada uno. Lo que se decide a miles de kilómetros de distancia, golpea de lleno en sus vidas familiar, afectiva y económica.

Dirigida por Martín Salinas (el mismo de “Ni un hombre más” y guionista de numerosos cortos y largometrajes), la película tiene un elenco coral integrado por los rioplatenses Daniel Hendler, Luis Ziembrowski, Rafael Spregelburd, Gerardo Chendo, Julián Kartun, Verónica Llinás, Marina Bellatti y Marcelo Subiotto, entre muchos otros; y los mexicanos Alfonso Dosal, Cassandra Ciangherotti y Julieta Egurrola.